Hablando de la libertad
Si tengo que describir este año con una sola palabra, lo correcto sería decir que fue intenso. O si me permiten explayarme, debo decir que fue el mejor año de mi vida, por lejos:
Viajé mucho, muchísimo. Desde Nueva York hasta Londres, pasando por San Francisco, Los Angeles, Amsterdam, París, Barcelona y Ginebra. Trenes, incontables viajes en aviones, caminatas con mi mochila. Hice Couchsurfing, dormí en el piso, en hostels, en casas de amigos, alquilé bicicletas, un auto… no tenía nada, solo mi mochila, pero fui feliz.
Viví afuera. Tres meses en Nueva York y tres meses en Europa, en Ginebra principalmente. Todavía no me lo creo. Tener la oportunidad de vivir en otras ciudades, tan distintas entre sí, y en el mismo año, es un placer, un privilegio. Algo que me marcó para toda la vida, sin duda.
Descubrí que me apasiona la aviación. A mi fobia de volar, la convertí en pasión: amo la aeronáutica y todo lo relacionado a ella. Tal vez era un sentimiento muy guardado dentro mío, pero ya no hay vuelta atrás: en este año que comienza empezaré mi curso de Piloto Privado, en un caño y lona, pero a volar. Como hobby, para sentir la adrenalina de despegar, de aterrizar, la libertad que te dá volar.
Viví intensamente y sin temor. Desde ese atardecer con un nuevo amigo en alguna playa de la costa de Los Angeles, hasta esos tres locos días de sol y mucha música en Coachella, en algún lugar perdido de California. O los días de bicicleta en Amsterdam. O los viajes de subte en Brooklyn. O las charlas hasta la madrugada con mi amigo de Lausanne, Suiza. Todos los días, absolutamente todos, aprendí algo nuevo, entendí y me descubrí.
Cumplí 30 años. El milestone tan temido, llegó. Y los cumplí en Ginebra, festejando con nuevos amigos en una noche inolvidable. Hice todo para retrasar la fecha, no les voy a mentir: viajé, trabajé como un loco, dormí poco, hice todo lo que quería hacer antes de cumplir 30, y lo cumplí. Y estoy satisfecho y pleno… como decían por ahí: “mis 20 nunca hubiesen creído mis 30″.
Conocí gente maravillosa. Desde mi amigo Marco, que dejó absolutamente todo y se fue a pasear por el mundo solamente con su bicicleta, por dos años, hasta mis amigos de Innvatis, que me dejaron días inolvidables y charlas sinceras. Los aprecio, amigos, a todos, gracias por estar ahí, en todas.
Y por último, me fuí de Córdoba. Luego de 11 años de vivir en esta linda ciudad, me fuí. Vendí mis cosas, cerré el contrato de alquiler, y me vine a vivir a Jujuy, donde nací. Temporalmente, claro. Porque mi próximo destino será otro: quiero irme a vivir a Europa, quiero seguir conociendo el mundo, quiero seguir siendo libre, quiero seguir deslumbrándome.
Pero no puedo terminar mi balance sin nombrar a una persona que me apoyó durante todo el año, en las buenas y sobre todo, en las malas. La que me acompañó incondicionalmente en la distancia, a la que llevé en el asiento de atrás de mi bicicleta en Amsterdam, la que se bancó los fideos con pesto en París. La que aguantó mi mal humor, mis alegrías, la que me hace entrar en razón y bajar un cambio. Su amor incondicional me hizo sentir fuerte y realmente poco hubiera hecho sin su apoyo: Te amo, princesa.
Soy feliz: tengo una familia que me apoya, una novia que me ama, un trabajo respetado y llegué a los 30 como nunca me lo hubiera imaginado. Para mí, el 2012 será la continuación del 2011: no quiero parar, no voy a parar, mi vida es demasiado excitante como para dejarla pasar, como para pasármela durmiendo.
Brindo por este 2011 que fue intenso, excitante, algunas veces amargo, pero sobre todo, con mucha libertad.


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Que buenos viajes… y todo queda para el recuerdo y el corazón… que bonito